martes, 22 de junio de 2010

EL TIMO DE LA ‘SUPERWOMAN’: “LAS MUJERES SON MULAS MULTITAREAS”

Se los posteo tal cual me llegó!
Autor: A.I.Gracia
Durante muchos años estuvo muy claro el papel de hombres y mujeres en la sociedad occidental. A ellos les correspondía el de breadwinner (el que gana el pan) en el espacio público.

Para ellas quedaban las tareas del cuidado, en el espacio privado. Hasta que la mujer dijo que se incorporaba masivamente al mercado laboral y se tuvieron que cambiar las reglas del juego. Desde entonces, hombres y mujeres participan en el mismo espacio público y realizan un trabajo remunerado. Pero sólo las mujeres siguen siendo (o sintiéndose) responsables del espacio privado. Todavía queda mucho por avanzar en el día a día de las familias, de las empresas, incluso del lenguaje, para conseguir la tan ansiada Igualdad que hoy ocupa un Ministerio. Por poner sólo un ejemplo: ¿Por qué en casa las mujeres hacen y los hombres ayudan, colaboran?

¿Dónde están las mujeres sobradamente preparadas para ser presidentas de empresas, directoras generales, consejeras delegadas?, se habrán preguntado alguna vez. En algún momento y lugar se ha tenido que poner el tapón. La mayoría se queda en la segunda línea de visibilidad, haciendo malabarismos con su agenda, su familia, sus amigos, sus jefes, sus equipos, sus escapes. Con tanto malabarismo, a pocas les da tiempo para aspirar al reconocimiento. Esther Casademont es psicóloga. Junto con la periodista Mar Galtés ha dado vida a El timo de la Superwoman, un libro que recoge la situación real de muchas mujeres. La propia Casademont recuerda que ella, además de psicóloga, es madre, esposa, trabajadora, amiga, hija, hermana. “Una malabarista profesional, vaya”. Un puro chicle que intenta hacerlo todo: “estirarse, llegar, hincharse y, a veces, reventar”.

Casademont diferencia desde el principio entre el Superman y la Superwoman. “El mito del superhombre es el guapetón, cachitas, que no se despeina ni cuando lucha contra la muerte”. De la Superwoman habla en clave de ficción. “No existe. La supermujer no tiene superpoderes. Es una mula multitarea, una loca estresada y despeinada, que llega a todo como puede, intentando no perder la dignidad y coleccionando manchas de dedos al chocolate en la falda que sólo puede lavarse en la tintorería. Un ser imperfecto, pero real”.

María Antonia García de León es doctora en sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Habla de la Superwoman como una etiqueta frívola “impuesta desde el sistema contra la mujer”. El problema, según sus palabras, es la violencia estética que se ha impuesto en contra de ella: “Es paradójico que, en una sociedad cada vez más envejecida, impongamos a ellas, sólo a las mujeres, que se quiten las arrugas, que se suban a unos tacones kilométricos, que cuiden de sus hijos y que trabajen”.

Ni rastro de las mujeres en las cúpulas directivas

Científicos, sociólogos y demás especialistas coinciden en que las mujeres deben y tienen que aprender a dejar atrás los tópicos de siempre, los números de siempre. De las 500 mayores empresas estadounidenses del ranking de la revista Fortune, sólo el 2,4% tiene como presidenta una mujer. En conjunto, las mujeres ocupan poco más del 15% de los principales cargos corporativos de estas empresas. Y en 74 de ellas, no hay ninguna mujer que ocupe un alto cargo.

Mientras que en el primer mundo las empresas se han dado cuenta de que las mujeres toman el 70% de las de decisiones de compra en la economía del consumo, o que son capaces de aportar visiones distintas a los problemas de siempre, ahora empiezan a plantearse los problemas desde otro punto de vista. La consultora McKinsey publicó en 2008 un estudio en el que se aseguraba que las empresas que más mujeres tienen en sus comités ejecutivos y de dirección, mejores resultados obtienen.

García de León avisa de que la igualdad de oportunidades profesionales y la conciliación no son problemas de las mujeres, sino que sólo toman sentido si se contemplan desde el punto de vista del conjunto de la sociedad. A los hombres que triunfan en el terreno profesional casi nunca se les pregunta cómo han resuelto su conciliación, cómo se organizan el tiempo personal. Casi siempre los hijos aparecen al final del currículo. Para cambiar las cosas, hace falta tiempo. “Pero también mucha energía”, dice Casademont. El objetivo de su libro no es victimizar todavía más a la mujer. “Queremos aprender, desdramatizar, desmitificar, reírnos un rato de nosotras mismas y dar ánimos para seguir siendo imperfectas en todo, sin colgar los hábitos en nada”.

La situación laboral de las mujeres no sólo es consecuencia de la falta de reconocimiento de su contribución a la creación de riqueza, sino también del papel que las mujeres han asumido siempre en la organización y el cuidado de otras personas, sobre todo niños, ancianos y enfermos. “El hecho de que las mujeres se hayan ocupado de la familia y de la sociedad, además de trabajar, ha permitido que los hombres organizaran y dirigieran la economía y la sociedad”, critica García de León. Por eso Casademont ejemplifica en su libro cómo la mayoría de las mujeres que consiguen ascender sigue en su vida cotidiana con la doble lista: la de la vida laboral y la personal, y sigue renunciando o redoblando esfuerzos para mantener, según las etapas de la vida, los posibles equilibrios que le permitan avanzar como persona, en un ámbito u otro.

Conciliación es un término que casi siempre se asocia al tiempo que necesitan las mujeres para cuidar de sus hijos. “Estamos reproduciendo el esquema de que es la mujer la que debe asumir el cuidado de la familia”. Para conciliar vida laboral y familiar, Ángela Aparisi, catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra, asegura que tiene que concederse tiempo a padres y madres para cuidar a los hijos. “Conciliar es repartir responsabilidades”.

Conciliar: mucho más que cuidar a los hijos

Pero conciliar tiene que ser mucho más: tiempo para equilibrar la vida profesional con la personal; y en la vida personal, “cada persona, hombre o mujer, con o sin hijos, debe poder disponer de sus espacios para lo que se considera importante, o lo que le apetece y satisface en la vida”, añade Casademont. Ésta es la base de una sociedad sana y, con argumentos rentables, también se beneficiarían las empresas.

“La estructura social ha cambiado, pero la mental no, y no será fácil cambiarla”, dice Aparisi. El éxito profesional no es sinónimo ni garantía de éxito personal. A veces es incluso al contrario. Todo en la vida todo tiene un precio. El cambio deben impulsarlo las mujeres, pero necesitan la implicación de los hombres, porque es una transformación social en todos los niveles. Si los hombres no asumen que este cambio va con ellos, no habrá cambio. Algún día, ese precio que hoy pagan las mujeres reflejará sólo el coste objetivo de conseguir las cosas, no del sobrecoste de género. Mientras tanto, ellas seguirán siendo puro chicle.

Saludos cordiales,

Elizabetha Fatica Imbrescia

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